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miércoles, 19 de enero de 2011

VERDE QUE TE QUIERO VERDE

Romance Sonámbulo
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

--Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
--Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
--Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
--Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
--Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
--¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

martes, 17 de marzo de 2009

"El tema de la obra de Lorca es un amor que no puede ser"


Ian Gibson, que publica el libro 'Lorca y el mundo gay'
Hasta los 80 no se empezó a hablar de la homosexualidad de García Lorca sin cortapisas. Ian Gibson publica un libro titulado Lorca y el mundo gay (Planeta), donde relata los amores del poeta, primero femeninos (las dos María Luisas juveniles; más tarde, la única mujer con la que tuvo relaciones físicas Margarita Manson), luego masculinos.


Ya escribió una biografía de Lorca. ¿Qué añade su libro?

Es un libro de encargo. Es oportuno, pero no oportunista. Aporto muchos matices nuevos y una primicia: identifico al amor de juventud de Lorca: María Luisa Natera. Nunca dejé de creer que detrás de sus poemas sobre la novia perdida había un trauma realmente vivido, no sólo literario.

¿La aportación de un libro sobre Lorca gay es un amor femenino?

Hasta los 18 años Lorca no empieza a asumir su homosexualidad. "Siempre fui un niño intranquilo", dice él. En Lorca hay algo de niño abandonado. No es que le rechazara su madre - no pudo amamantar a ninguno de sus hijos-,pero Lorca se sentía abandonado y su búsqueda del amor era frenética, angustiada.

¿Cuándo asume su homosexualidad?

Es un proceso para él terrible y penoso. En la Granada de la época, conservadora y nefanda, siente el rechazo de los demás. En el colegio le llaman Federica y poco a poco se va dando cuenta de su diferencia sexual.

¿La vivió de forma gozosa?

Cuando estaba en vena, era único. En Harlem toca el piano y todos los negros se ponen a bailar. ¿Qué blanco conseguiría eso?

¿Con Dalí fue sólo platónico?

Dalí lo adora apasionadamente. Lorca lo quería poseer, pero él no se deja, le entra miedo. "Un culo divino al servicio de un genio... era imposible", me dijo Dalí cuando le entrevisté, ya anciano. Él no hacía nada ni con nadie. Fue un amor trágico.

¿El gran amor de Lorca?

Al final de su vida, Rafael Rodrígez Rapún, secretario de La Barraca, que era heterosexual. Un muchacho muy atractivo que gustaba mucho a las mujeres. Fue su amor oscuro. Cuando muere Lorca, Rodríguez Rapún se suicida. No puede seguir viviendo sin él. Lástima que la familia destrozara la correspondencia entre ellos.

¿La homosexualidad intervino en el asesinato de Lorca?

No cabe la menor duda. Era de izquierdas, era autor del Romance de la Guardia Civil, era de familia terrateniente progresista y era, además, mariquita.En la Granada homofóbica, el factor homosexual fue fundamental.

En el bando republicano tampoco estaba bien vista la homosexualidad. Tampoco en el antifranquismo de los años 70.

En la Residencia de Estudiantes, que era lo más progresista de la España progresista, muchos se apartan de Lorca al darse cuenta de su defecto.Defecto es la palabra que utiliza José Moreno Villa. Después está la censura del poema de Cernuda a la muerte de Lorca en Hora de España.La izquierda lo consideraba un baldón que frivolizaba su muerte. Y luego está la censura de los herederos, del hermano de Lorca, Francisco, homófobo. Los críticos sabían que si aludían a la homosexualidad de Lorca se les cerraba la puerta.

Usted dice que sin la "marginalidad sexual" de Lorca no se entiende su obra.

Basta leer La casa de Bernarda Alba, la tirana que no deja que sus hijas vivan la vida que quieren. La obra lorquiana en su totalidad recurre al tema del amor que no puede ser.

¿Además de Sonetos del amor oscuro y El público hay más obras explícitas perdidas?

No, aunque no me sorprendería. Lorca recurrió al lenguaje surrealista y a su retórica para hablar abiertamente, si se tienen ojos para verlo y leerlo, de su sexualidad.

Habrá quien opine que su libro enriquece a Lorca, pero empobrece el poema.

Es verdad que muchos piensan que no hace falta saber nada del autor, ni de la gestación del poema o de qué hubo detrás, pero teniendo en cuenta el trasfondo biográfico de Lorca, el libro enriquece el poema.

lunes, 9 de marzo de 2009

FEDERICO GARCÍA LORCA

Es uno de los poemas más conocidos del Romancero gitano, y por ende, uno de los más populares de Federico García Lorca (Fuente Vaqueros (Granada), 5 de junio de 1898 – entre Víznar y Alfacar, 18 de agosto de 1936).

Es uno de esos poemas a los que la popularidad les ha dado una pátina de manido, pero también es un gran poema, con una bonita historia. Basta desempolvarlo un poco y leerlo despacito para recuperar las sensaciones de la primera lectura y sumergirse en su atmósfera sensual a la ribera del río.

Como curiosidad, el Romancero gitano se publicó en 1928, y se trata de un recopilatorio de poemas dedicados a la idealización de la raza gitana y sus costumbres, poemas que en su mayoría ya habían sido publicados en solitario con anterioridad.

Este poema en concreto está dedicado a Lydia Cabrera, una escritora cubana a la que Federico conoció en Madrid, y que dedicó su literatura a las tradiciones y creencias cubano-africanas. La casada infiel fue el poema que más impactó a la escritora, y por eso Lorca se lo dedicó. Aquí se lo dejo.

LA CASADA INFIEL

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.
Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.
Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
Le regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.